Hay cosas que no es tan divertido
escribir. O no son tan escribibles. No porque sean tristes ni oscuras,
sino más bien como que son vivir con
procesos muy llenos de idas de supermercado, horas de trabajo, charlas por
teléfono, neurosis con los temas de siempre y así como de ir haciéndolas. No
queda otra que vivirlas y cuando mirás no tenés momentos resaltados, sólo tenés
tiempo que pasó y algunas instantáneas que te querés guardar sin hacer copias
aunque hayas salido bien. Están bien ahí en la caja, atrás de la pila de
sweaters. Ésa no, la otra, dejá no importa igual.
Tuve como etapas desde que llegué a París y todavía no sé si sus finales fueron
conscientes o no. Creo que sí pero al mismo tiempo que las etapas iban
terminando yo iba queriendo que terminen. Tuve la etapa fobia en la que salir
me costaba un par de ansiolíticos, unas pitadas de cigarrillo electrónico y
mucha mentalización. No hablaba en francés con nadie y todo lo que estaba
afuera me aterraba. Tenía ganas de volver y extrañaba tal vez menos que ahora,
pero tenía terror. Quería caminar por mis avenidas y no perderme más entre
edificios lindos. No quería mandar mails, quería perderme en libros y manjares
parisinos y sólo existir con Largo o con trabajo o instagram o tiñéndome el
pelo de rosa.
Esa
etapa termino y vino una de mucha ansiedad y jugar un poco a las
vacaciones. Mientras yo hacía eso el mundo seguía y algunos planes concretos
aparecían y me daban mucha ansiedad al tiempo que me hacían feliz. Empecé a extrañar muchas
cosas especificas: desde personas hasta ropa. Me empecé a ubicar en el barrio y
hablar francés. Las rutinas vienen solas y siempre son las que elijo sabiendo
siempre perfectamente lo que quiero y cómo. Aunque muchas veces me haga mal
como cuando como mucho y quiero ser escuálida. También dejé de sacar fotos y
hacer videos y después empecé a hablar
mucho por teléfono, algo que en Buenos Aires no me gustaba y acá me encanta. Me
gusta hablar de cualquier cosa con mis papás o con mis hermanas.
Ayer vi una película sobre las etapas del
duelo y lidiar con los miedos y las apliqué a esto. No quiero ni pensar en el
tiempo que pasó. Odio las medidas temporales. Odio las medidas temporales
dichas porque nadie va a entender cuántos días mentales míos entran en un día
mental de otro entonces no me interesa. No quiero tener edad ni tiempo. Nos encontramos
a las 8 y quiero ser perfectamente puntal
pero no me pidas más que eso, no quiero tener una edad ni aniversarios
de ningún tipo.